Efectivamente: me he oxidado. El otro día estuve preparando una disolución de ácido nítrico. Al salir de clase me noté escozor en el dedo meñique, lo miré y estaba amarillo. Dije “será de algún subrayador”, aunque me parecía raro que me molestara. Me olvidé hasta que lo volví a ver dos días después, habiéndome duchado y lavado las manos unas cuantas veces… Así que rumié de qué podía ser y se lo pregunté a mi profesor de química. Él, riendo, afirmo: “sí… se te ha oxidado el dedo”. Y yo, teniendo en la mente la imagen de un hierro oxidado (vamos… ¿a quién no se le pasa eso por la cabeza al escuchar “óxido”?), me quedé algo flipando boquiabierto.

Entonces, ¿es para siempre? Nooo, se va, pero con la piel. Aquí el dedo después de otra ducha:
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